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Sellos

1-2 GRANO I Lámina + II Lámina Carta de Nápoles
1/2 GRANO I Lámina + II Lámina Carta de Nápoles

También en el campo de la filatelia, el Reino de las Dos Sicilias estaba a la vanguardia en Italia; fue aquí donde se proyectó —por primera vez— la introducción del sello adhesivo, como siempre bajo el reinado de Fernando II [Tomamos las noticias de V. RICCHIONI, La riforma postale del 16 luglio 1857 ed i francobolli del Regno di Napoli, en Unione Filatelica Lombarda, Selezione delle collezioni presentate all’Esposizione di Filatelia tradizionale, MonacoPhil2002, Milán, Roma 2002, p. 187. Véase también: Catalogne de l’Exposition des 100 Timbres et Documents Philateliques parmi les plus rares du monde, Principauté de Monaco].

Sicilia- Un franqueo suntuoso para Alemania compuesto de seis sellos
Sicilia- Un franqueo suntuoso para Alemania compuesto de seis sellos de los siete emitidos cuyo rarísimo 50 granos, conocido en 7 copias solo sobre carta para el extranjero. Este valor, por su destino y su franqueo multicolor y cambiante, es único.

No obstante, durante todo el siglo XVII, el palacio real, con su gran «Largo di Palazzo», fue el corazón pulsante de la vida política y social napolitana.

La primera propuesta fue presentada al Rey en 1841 por el arquitecto Amy Autran, a su regreso de un viaje a Inglaterra, donde había observado cómo el público había aceptado favorablemente la introducción de los primeros sellos. Autran preparó algunos ensayos que representaban la efigie de Fernando II coronado de laurel en óvalo, dibujada por un tal señor Thomas y grabada por William Cave.

Los ensayos fueron impresos calcográficamente en pliegos de 15 ejemplares, mientras que la impresión se realizó en negro, celeste pizarra, verde oliva y castaño rojizo. Desafortunadamente, debido a lentitudes burocráticas, solo en enero de 1857 fue nombrada una Comisión con el encargo de estudiar «todas las mejoras que sea necesario o útil aportar en la Administración General de los Reales Correos y de los Procacci».

La Comisión trabajó con gran diligencia y el 16 de julio de 1857 pudo ser promulgado el decreto de Fernando II sobre la reforma postal, que renovó radicalmente todo el sistema.

Sicilia – La única carta censada de los Estados Unidos
Sicilia – La única carta censada de los Estados Unidos después de haber transitado por Marsella, Le Havre y Nueva York con un franqueo espectacular a tres colores. Documento único y de seguro interés (ex-colección Rothschild).

Entró en vigor el 1 de enero de 1858, día en que se puso en circulación la primera y única emisión del Reino:

El uso del sello fue obligatorio para todos y la tarifa fue también uniforme, cualquiera que fuese la distancia, aunque variaba en relación con el volumen y el peso de la carta.

«El principio de la uniformidad, además, fue considerado justo, considerada la tasa postal en el doble aspecto de reembolso por un servicio efectuado por el Estado y de impuesto indirecto que grava igualmente a todos los ciudadanos, útil, porque habría supuesto un inevitable aumento de los ingresos y necesario, porque, simplificando las tarifas, se habría derivado un uso facilísimo para todos» [RICCHIONI, ibidem].

Los siete sellos fueron acusados de ser «monótonos», pero, al contrario, se distinguían de todos los demás existentes en Italia por tener cada uno de ellos un recuadro diferente. El color elegido para todos fue el rosa.

Monedas

Al advenimiento de Carlos de Borbón al Trono de Nápoles, en 1734, la unidad monetaria de base era el ducado [Tomamos las noticias de: La monetazione napoletana da Carlo a Francesco II di Borbone (1734-1860), a cargo de M. PANNUTI, editado por el Museo Gaetano Filangieri, Nápoles 1975.], una masa de plata del peso de 22 g aproximadamente y que contenía 9/10 de fino y 1/10 de aleación (cobre). El ducado se dividía en 10 carlinos, cada uno de los cuales compuesto por 10 granos, cada uno de los cuales de 12 caballos.
El ducado existía también como moneda de oro, aunque ya no se acuñaba desde 1649.

La acuñación bajo Carlos de Borbón

En cuanto a la acuñación de oro, nada más ascender al Trono, Carlos continuó en Sicilia la acuñación de pequeñas monedas áureas, como en el pasado, mientras que en Nápoles prefirió —dado el notabilísimo aumento respecto al pasado de la relación entre oro y plata (1 a 14½)— emitir múltiplos del ducado de oro, es decir, el 2, el 4 y el 6 ducados, con un título de 21¾, es decir, con aproximadamente 906 milésimas de fino.

El 6 ducados fue llamado también onza napolitana, para distinguirlo de las onzas de Sicilia, ya que estas tenían la mitad del peso, y por tanto del valor, de las napolitanas.

Fueron acuñadas monedas áureas desde 1749 hasta 1756.

Para la acuñación de plata, continuó las acuñaciones de grandes piezas en plata: las piastras (25,61 g) del valor de 12 carlinos, o 120 granos, y su mitad, donde se lee el lema «De Socio Princeps» («De Aliado a Soberano»), una evidente alusión al hecho de que el Reino de Nápoles, antes «virreinato habsburgo» y «provincia española», se ha convertido con él en nación independiente y soberana a todos los efectos.

Estas piezas, con un título de aproximadamente 900 milésimas, fueron emitidas desde 1734 hasta 1736. En 1747 siguió una emisión conmemorativa del nacimiento del primogénito varón, el Príncipe Felipe: se acuñaron dos artísticas monedas —una piastra y una media piastra— que presentan en el anverso los bustos acoplados de Carlos y de María Amalia y en el reverso una mujer sentada, sosteniendo con el brazo derecho a un niño; en el giro se encontraba el lema «Firmata Securitas», para subrayar la certeza de la continuación de la familia, y por tanto de la independencia del Reino.

La acuñación del Reino

A partir del mismo año, hasta 1749, se reanudó la acuñación de las piastras y de las medias piastras, que llevaban la inscripción «De Socio Princeps», mientras que desde 1750 mostraban el busto del soberano vuelto hacia la derecha.

Conviene además recordar los carlinos y los medios carlinos del valor de 5 granos, llamados popularmente «cingranella», en los cuales está representada en el reverso la Abundancia en acto de esparcir monedas.

Por lo que concierne finalmente a la acuñación de cobre, se acuñaron la «pubblica», o 3 torneses, el grano o 12 caballos, el 9 caballos, el tornés o 6 caballos, el 4 caballos y el 3 caballos.

La acuñación de Fernando IV

Dado el larguísimo reinado de este soberano, es vastísima. Hay tres períodos, en base a las fases históricas que le tocó vivir.

En la primera (1759-1799), la más larga, pacífica y rica, Fernando continuó la acuñación áurea iniciada por el padre, con la emisión de las piezas de 6, 4 y 2 ducados con el mismo peso y título (quilates 21¾) establecidos por Carlos.

La acuñación áurea duró hasta 1785 y fue enorme, ¡más de 3 millones de piezas! Las efigies del soberano son varias y diferentes de posición y edad, desde su niñez hasta la madurez.

Para la acuñación de plata, la primera moneda fue una media piastra de 1760, llamada también «pupilar» (Fernando tenía solo 9 años). Vinieron después dos piastras juveniles (1766 y 1767), luego una de 1772 conmemorativa del nacimiento de la primogénita María Teresa, en la cual en el anverso se encuentran los bustos acoplados de Fernando y María Carolina, y, en el reverso, una mujer sentada, llevando sobre las rodillas a un infante; al fondo, el Sebeto, el Vesubio y el mar con un navío; en el giro, el lema «Fecunditas».

Dado el larguísimo reinado de este soberano, es vastísima. Hay tres períodos, en base a las fases históricas que le tocó vivir.

En la primera (1759-1799), la más larga, pacífica y rica, Fernando continuó la acuñación áurea iniciada por el padre, con la emisión de las piezas de 6, 4 y 2 ducados con el mismo peso y título (quilates 21¾) establecidos por Carlos.

La acuñación áurea duró hasta 1785 y fue enorme, ¡más de 3 millones de piezas! Las efigies del soberano son varias y diferentes de posición y edad, desde su niñez hasta la madurez.

La acuñación de Fernando IV

Para la acuñación de plata, la primera moneda fue una media piastra de 1760, llamada también «pupilar» (Fernando tenía solo 9 años). Vinieron después dos piastras juveniles (1766 y 1767), luego una de 1772 conmemorativa del nacimiento de la primogénita María Teresa, en la cual en el anverso se encuentran los bustos acoplados de Fernando y María Carolina, y, en el reverso, una mujer sentada, llevando sobre las rodillas a un infante; al fondo, el Sebeto, el Vesubio y el mar con un navío; en el giro, el lema «Fecunditas».

Otras dos piastras conmemorativas fueron acuñadas en 1791, en memoria del viaje a Austria efectuado por los Soberanos que habían acompañado a las dos princesas María Teresa y María Luisa, futuras esposas de los Archiduques de Austria Francisco y Fernando, hijos del Gran Duque Leopoldo.

La primera, más rara, presenta en el anverso los bustos acoplados de los soberanos, y, en el reverso, el Sebeto y Parténope en acto de sacrificar sobre un ara; al fondo, el Vesubio, en el giro, el lema «Pro Fausto Reditu P.P. Vota Soluta» (los votos cumplidos por el regreso de los soberanos).

La segunda presenta el mismo anverso, pero, en el reverso, hay 4 signos zodiacales (Libra, Escorpio, Sagitario y Capricornio), es decir, los de los meses sucesivos a la partida de los soberanos.

Estas dos piastras, como todas las sucesivas (piastras, medias piastras, ducados y medios ducados, tarís y carlinos) fueron acuñadas con un título de 833/1000, es decir, contenían 5/6 de fino y 1/6 de liga: eran por tanto menos «buenas» que las precedentes.

Antes de los acontecimientos de 1799 (la huida de la Corte de Nápoles a Palermo a causa de la invasión napoleónica que condujo a la República Partenopea) hubo una emisión de piastras con el milésimo 1799, emisión reanudada en julio al regreso de los soberanos a Nápoles.

En cuanto al cobre, fue continuada la emisión establecida por Carlos; además, en los años noventa, fueron acuñadas tres nuevas monedas múltiplos del grano: el 10 torneses (5 granos), 8 torneses (4 granos) y el 5 torneses.

En la segunda fase de su Reino (julio de 1799-1806), Fernando comenzó batiendo en plata las piastras con los milésimos 1799, 1800 y 1802, y después 1804 (rarísimas); finalmente en 1805, acuñó una artística piastra y una media piastra. Para el cobre, suspendió el 10, el 8 y el 5 torneses, y batió las monedas de 3 y de 2 granos, es decir, el 6 y el 4 torneses con la efigie del Soberano, y así también el grano de 1800 [«Moneda de excelsa rareza», la define Pannuti (Ivi, p. 10)], el 9, el 4 y el 3 caballos.

Las monedas de 1805 fueron las últimas en llevar la sigla del maestro de ceca.

Finalmente, en la tercera y última parte de su reinado (después de la caída de Murat), Fernando hizo acuñar inmediatamente una bella piastra, un gracioso carlino y una elegante y rara media piastra.

En cobre fueron acuñados en 1816 un 8 y un 5 torneses «de factura mucho más cuidada, apreciable como diseño, incisión, forma y peso» [Ivi, p. 11].

Con la unificación de los dos Reinos de Nápoles y Sicilia en un único Reino («De las Dos Sicilias»), el 20/IV/1818 se publicó una ley con la cual se abolía la relación legal entre las monedas en los tres metales, y que establecía como unidad de base del sistema monetario el ducado de plata, correspondiente a 22,94 g con un título de 833/1000, es decir, con 5/6 de fino y 1/6 de liga. Las futuras monedas de oro tendrían solo curso fiduciario y debían ser acuñadas con oro casi puro, y precisamente con un título de 996/1000. Se reconocía además valor nominal a las monedas introducidas por la República Partenopea y por Murat. Fueron después acuñadas por primera vez tres bellísimas monedas de oro puro.

Para la acuñación de plata, se tuvieron acuñaciones de piastras, de una media piastra, de un rarísimo tarí y de un carlino: todos llevaban el milésimo 1818 en recuerdo de la ley susodicha.

De cobre, fueron emitidos los 10 torneses o 5 granos [«Grande y bella moneda». Ivi, p. 12.], el 8, el 5, el 4 torneses y el tornés, con variantes rarísimas.

La acuñación de Francisco I

La acuñación de Francisco I

Prosiguió la acuñación áurea de los ducados: 30, 15 (rarísimo), 6 y 3. El 6 y el 3 presentan en el reverso el genio borbónico alado.

En plata fueron acuñadas la piastra, la media piastra, el tarí y el carlino.

En cobre, los 10, los 5 torneses y el tornés, a los que añadió el grano, después de 25 años.

La acuñación de Fernando II

La acuñación de Fernando II

Su acuñación es vastísima: hizo acuñar monedas de oro (56), de plata (125 entre piastras, medias piastras, taríes, carlinos y, desde 1836, añadió también el medio carlino) y cobre (7 entre 10, 5, 3, 2 torneses y el tornés y medio tornés) en casi todos los años de su reinado, y añadió también la acuñación de otros nominales a los emitidos por los antepasados.

La acuñación de Francisco II

En su brevísimo reinado, no acuñó monedas áureas también por culpa de la exasperante lentitud en el trabajo de incisión por parte de los maestros de ceca, sino solo 2 de plata (la piastra y el tarí) y el 10 y el 2 torneses en cobre.

Durante su exilio en Roma, quiso continuar acuñando para reafirmar su soberanía: produjo piezas de 10 torneses que presentaban leves diferencias respecto a las del pasado.

Como afirma M. Pannuti, «Estas piezas, aun siendo falsificaciones, no pueden ser consideradas falsas, en cuanto emitidas por el soberano, aunque desposeído» [Ivi, p. 13].